El vértigo: miedo, angustia y temores

Se conoce por vértigo a la sensación subjetiva de movimiento, de giro del entorno o de uno mismo o de precipitación al vacío sin que ésta exista realmente. Es un trastorno del sentido del equilibrio que normalmente viene acompañado por:

  • Zumbido en oídos
  • Pérdida del equilibrio
  • Mareos
  • Hipoacusia en el oído
  • Visión doble
  • Parálisis facial
  • Dificultad en la articulación del lenguaje
  • Debilidad de las extremidades

Este trastorno puede afectar a cualquier persona y se calcula que una de cada siete lo padece. La causa del vértigo puede ser consecuencia de alteraciones en el oído, en la conexión nerviosa del oído al cerebro o en el propio cerebro.Se puede clasificar en vértigo periférico y vértigo central.

El vértigo periférico es el más frecuente y viene de la afección del oído interno del nervio vestibular. Mientras que el vértigo central deviene de alteraciones de los mecanismos neurológicos del propio sistema vestibular y puede ir acompañado de visión doble, inestabilidad y dolor de cabeza intenso.

Además, el vértigo también puede ser objetivo o subjetivo, dependiendo de si el paciente siente que es él quien gira alrededor de las cosas o si percibe que es su entorno el que parece dar vueltas a su alrededor.

Las que padecen este trastorno son personas con dudas, temor a lo desconocido y a la angustiosa impresión de perder el equilibrio.

Desde el punto de vista de la Descodificación, el vértigo se manifiesta en personas que se niegan a mirar o contemplar algo que no es de su agrado. Personas que se sienten inmersas en situaciones desagradables. Que albergan temores ante un cambio inesperado en sus vidas.

Estas personas se sienten obligadas a avanzar, pero con el riesgo real de caer y perder el control, al enfrentarse a situaciones desconocidas y poco deseadas. De ahí que tengan la angustiosa impresión de perder el equilibrio y experimentan dudas y temores ante el hecho de tomar decisiones.

El vértigo es una manera de huir de algo que no se quiere ver o escuchar. De una situación que avanza demasiado rápido y les hace tambalearse. Todo ello genera inestabilidad y mucha ansiedad.

Acrofobia o miedo a las alturas

La acrofobia y el vértigo responden a conflictos diferentes. El miedo a las alturas se percibe y se siente como una fobia y genera mucho estrés. La persona que lo padece trata de evitar, en la medida de lo posible, estas situaciones.

El miedo a las alturas aparece en personas que carecen de referentes y sienten que no tienen en quién apoyarse. Se creen incapaces de controlar y mantener el equilibrio ante las circunstancias y situaciones de la vida.

A través de la terapia, el profesional analiza aquellos aspectos y matices de las personas que considera de interés para llegar a la emoción oculta que ha generado el conflicto, hasta la toma de conciencia del origen del síntoma que desencadenó el vértigo.

Así pues, el vértigo se produce por un anormal funcionamiento del oído interno manifestado por las personas que albergan dudas, incertidumbre y temores relacionados con algo que no soportan escuchar y que probablemente no pueden evitar. De ahí que el profesional busque en la persona lo que no soporta oír o escuchar, aquello de lo que huye, del posible conflicto que tiene de referentes o del miedo a futuras situaciones dramáticas que se despliegan ante la persona.

Así mismo, hay que prestar atención tanto al proyecto sentido como a la historia transgeneracional de la persona, dado que el vértigo puede ser un conflicto programado por sus antepasados o por los padres en la etapa uterina.

El vértigo puede generarse por conflictos no cerrados satisfactoriamente por generaciones anteriores, hasta que un miembro del clan toma conciencia y se sana a sí mismo, buscando previamente las líneas de afinidad entre miembros del sistema.

Sólo entonces, a partir de la toma de conciencia, el terapeuta ayudará a la persona a cambiar sus creencias, desprogramar el conflicto y sanar su inconsciente.

Noelia Bonifacio
Directora General IHN

 

Referencia: Vértigo. DMedicina.com Salud y bienestar. Disponible en: http://www.dmedicina.com/enfermedades/neurologicas/vertigo.html

El miedo desde la Neurobiología

Todos conocemos esas sensación de angustia y desconfianza que emana ante la presencia de un peligro. Se la conoce como miedo. Cuya etimología procede del latín metus, oscuro. Los seres humanos y los animales han experimentado en algún momento este sentimiento tan primario y arcaico. Si tuviéramos que buscar su origen, nos remontaríamos a 200 millones de años de evolución de la especie. Al momento exacto en el que los seres vivos se enfrentan a su medio, a los peligros, a lo desconocido y a la búsqueda de alimento para su supervivencia. El miedo es considerado la garantía biológica que nos ayuda a no ponernos en peligro o a protegernos.

La manifestación fisiológica del miedo se da en el cerebro.

En la década de los 50, el neurocientífico norteamericano Paul MacLean desarrolló la teoría del cerebro triuno. Su teoría afirma que el cerebro se desarrolló incorporando cada vez funciones más complejas pero que siguen siendo regidas por las arcaicas. Por lo tanto, el cerebro se divide en :

  • Cerebro arcaico (centro reptil): que comprende el tallo cerebral (bulbo raquídeo y protuberancia). Controla las tendencias básicas que garantizan nuestra supervivencia, como: deseo sexual, búsqueda de alimento, respuesta ante la agresión (huída, parálisis o ataque). Es la parte instintiva del ser humano.
  • Cerebro límbico (centro mamífero): este nombre fue acuñado en 1878 por el neurólogo francés Paul Broca. Hace referencia a todo un sistema de estructuras principales con respuestas emocionales, procesos de aprendizaje y memoria. Es el centro del miedo y del placer.
  • Neocortex (centro humano): corresponde a la estructura más nueva en su desarrollo y evolución. Recubre y engloba todas las partes del cerebro. Permite tener conciencia y controlar las emociones, a la vez que desarrolla las capacidades cognitivas: memoria, concentración, lenguaje, análisis, abstracción, resolución de problemas, planificación, etc.

Si tuviéramos que ubicar el miedo en un órgano de nuestro cerebro, éste sería la amígdala. La amígdala es una pequeña agrupación de neuronas con forma de almendra que se encuentran en la profundidad del lóbulo temporal.

Estudios recientes en la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Politécnica de Madrid han demostrado que la amígdala es capaz de extraer información de manera ultrarrápida ante posibles amenazas expuestas en nuestro campo visual.

En el momento en el que se dispara la señal de alarma, ésta se extiende de la amígdala al hipotálamo y luego a la sustancia gris periacuductal (troncoencéfalo) que se encargarán de liberar hormonas y neurotransmisores para preparar al cuerpo ante el peligro, aquí es el momento de reaccionar con rapidez, entonces las glándulas suprarrenales liberan el cortisol y la adrenalina, lo que hace que nuestro sistema simpático se ponga en marcha y se producen cambios fisiológicos como:

  • Se incrementa el metabolismo.
  • El corazón bombea sangre a gran velocidad.
  • Aumenta la presión arterial, la glucosa en sangre, la actividad cerebral y la coagulación sanguínea.
  • La sangre fluye a los músculos, especialmente a las extremidades.
  • Sudoración.
  • Aumento de la respiración.
  • Dilatación de pupilas.

Son algunas de las respuestas que pone en marcha nuestro cerebro para favorecer el enfrentamiento o la huida. Gracias a este intrincado sistema de protección, nuestra especie ha evolucionado hasta el día de hoy. Por lo tanto, el miedo real es un mecanismo evolutivo perfecto y biológico que subyace al comportamiento humano.

Realicemos un análisis desde las diferentes etapas de la Medicina Germánica.

  • 1ª etapa: Supervivencia. Los animales y el hombres buscan, como base fundamental y primaria, no morir de inanición. Por ello, la búsqueda de alimento, respirar y procrear, serán esenciales para su biología. Si uno de ellos se haya en peligro, el miedo hará acto de presencia.
  • 2ª etapa: Protección. Cuidar y proteger, conformarían el segundo escalón según prioridades fundamentales de los seres vivos. Ante la agresión, el miedo vendrá a activar nuestro mecanismo de defesa.
  • 3ª etapa: Rendimiento. La capacidad de superación y valorización sustentan el tercer puesto. La competencia y la comparación harán que en ocasiones el miedo nos muestre qué ámbitos o aspectos de nosotros están en peligro y pueden ser vulnerados y amenazados.
  • 4ª etapa: Relación. El miedo a la pérdida del ser querido, el miedo a no ser aceptado, reconocido, amado o querido. Sería algunas de las señales de peligro que desatarían en nosotros la alerta.

Como hemos podido observar, las necesidades más básicas son las principales causas de miedo. En la actualidad, se resumen principalmente en miedo a perder el trabajo, a no llegar a final de mes, al rechazo, al fracaso y al cambio.

Estos tipos de miedo se pueden transformar según la intensidad y la duración de la emoción. Un miedo no atendido se puede transformar en una fobia o en pánico. La fobia es el miedo que mostramos ante una situación que va más allá de la precaución razonable ante el peligro. Por ejemplo, agorafobia que es la aversión a los espacios públicos. El pánico es la aparición súbita e intensa asociada con el deseo de escapar. Por ejemplo, pánico a volar.

Cabe recordar que nuestra mente no entiende entre real, simbólico, imaginario y virtual. Es por ello, por lo que el miedo se puede clasificar en:

  • Miedo real: un agresor nos quiere atacar.
  • Miedo simbólico: miedo a las cucarachas.
  • Miedo imaginario: vemos una película de miedo y creemos que hay espíritus en casa.
  • Miedo virtual: una película de terror.

No existen los miedos injustificados puesto que nuestra psique nos advierte de una posible amenaza inconsciente. Por ejemplo, una persona puede tener miedo a la cucaracha y para nosotros ser absurdo. Pero si se explora más ese miedo, se observa que la persona lo que registra al verla, es la manera que tiene de huir y esconderse a tal velocidad. Eso le imprime desesperación. Esa imagen le evoca su aspecto temeroso y su desesperación por huir del mundo porque se siente indefenso.

Todo miedo debe ser atendido. Y como dijo Carl G. Jung: “Lo que niegas te somete y lo que aceptas te transforma”.

Así que atendamos ésta emoción primaria que nos ha acompañado desde tiempos remotos y dejemos que se exprese a través de nuestro cuerpo. Busca el origen de su expresión y no permitas que te someta.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies