El proceso del duelo

La mayoría de las personas atravesamos un proceso de duelo en nuestras vidas. Un duelo es una pérdida que nos afecta emocionalmente. Estos procesos nos agonizan y alteran el transcurso de nuestra vida. Nos crean incertidumbre y preocupación.

Por ejemplo, un duelo puede ser:

– La pérdida de un familiar o ser querido

– La pérdida laboral

– Una enfermedad

– Una ruptura matrimonial

– La pérdida del hogar…

En un duelo existen varias fases:

Fase de shock. Cuando se produce el suceso que nos desconcierta. Hay personas que les paraliza e inmoviliza. Es el momento en el que produce la separación, la muerte del ser querido.

Fase de rabia o agresividad. Podemos sentirnos bajos de autoestima y seguridad, enfadarnos con aquellas personas que consideremos responsables del hecho en sí. Puede suceder incluso que nos autoculpabilicemos a nosotros mismos.

Fase de desorganización: Esta etapa se caracteriza por la toma de conciencia de la situación de que el ser querido ya no volverá. Este momento se caracteriza por la sensación de desorganización al no estar presente ese ser querido. Es habitual sentir apatía, tristeza… Tendencia a abandonarnos.

Fase de organización: poco a poco vamos afrontando la nueva situación. Nos adaptamos al sentimiento de pérdida y comenzamos a reconstruir nuestra vida. Para ello, debemos:

– Aceptar la pérdida.

– Experimentar el dolor de la pérdida, sin bloquear los sentimientos.

– Adaptarse a la nueva situación.

– Mirar al futuro. No se trata de olvidar al ser querido, sino de recolocarnos. La vida no volverá a ser la misma, pero permitirá la entrada de nuevas relaciones y emociones.

¿Cuándo acaba un proceso de duelo?

No hay un tiempo establecido. Depende de cada persona y del lazo de dependencia. Es un proceso lento y progresivo. Se consigue en el momento en el que podamos mirar atrás y ser capaces de recordar esos momentos sin pena y dolor, sino como una etapa de una historia compartida.

¿Qué debo hacer?

Es importante tener tiempo para pensar, para estar solo. Habrá gente que deseará compartir su experiencia y habrá gente que no. Cada uno se expresa de manera diferente. Podemos planificar nuestro día a día. Puede que sirva para tener ocupado el tiempo sin olvidar que debemos prestarnos atención.

Sugerencias familiares

En estos casos es importante que los familiares NO utilicen:

– Cortar la expresión de sentimiento. Por ejemplo: anímate.

– No decir lo que debe hacer o sentir. Por ejemplo: yo estaría…

– Evitar frases hechas. Por ejemplo: es ley de vida.

– Evitar que exprese lo que siente.

– No establecer límites y plazos.

– No temer nombrar a la persona fallecida.

En cambio lo que sí debemos hacer:

– Estar disponibles para ellos. Normalizar la situación.

– Sugerencias para la persona que padece la pérdida.

– Obsérvate e indaga en tu interior qué necesita tu espíritu en todo momento. Si necesitas soledad o compañía no dudes en atenderte.

– Utiliza un diario. A partir de ahora será tu amigo y compañero. Escribe todos los días. Puedes hacerlo al levantarse o al acostarte. Preferiblemente a la hora de ir a la cama. No dejes que nadie lo lea. Es privado y personal.

– Ten cuidado a la hora de juzgarte, sé benevolente. Utiliza lenguaje formulado de manera positiva.

– Evita la negación. Tu mente no reconoce entre un “sí” y un “no”.

– Equilibra su campo energético. Cada persona se energetiza de una manera distinta. Busca tu forma. Pj. unos lo hacen meditando, otros con Yoga, otros a través de las artes marciales, otros paseando… ¿Cuál es la tuya?

Y, por supuesto, y la más importante de todas, haz hipnosis con un especialista para viajar al alma de la curación. A nuestro ser interior.

Complicaciones

El proceso de duelo requiere que la persona dé pequeños pasos. Es un camino lleno de tareas. En ocasiones la atención y el apoyo del entorno son suficientes, pero acompañar no siempre es fácil. Muchas veces ni el propio sujeto sabe lo que quiere y el apoyo que recibe distancia más las relaciones haciéndolas más complicadas, tensas, frías o distantes.

Cuando nos sentimos solos e incomprendidos, es importante buscar un especialista en procesos de acompañamiento es importante.

Recordemos que el proceso normal tiene una duración limitada, cuando se extiende en el tiempo, es síntoma de duelo crónico.

Un duelo crónico es cuando la persona no ha sido capaz de desvincularse del fallecido. Y un duelo reprimido, es cuando la persona no ha expresado la pena y rehace su vida inmediatamente.

Este duelo crónico a lo largo de los años se puede manifestar físicamente. Para ello habría que realizar un protocolo.

“El dolor que no habla, cierra el corazón sobreexcitado y le hace romperse”, Shakespeare en su obra Macbeth.

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