EL MIEDO

Sabemos qué es el miedo, pero este sentimiento que nos reduce a lo más primario de nuestro ser animal, nos hace cometer el error de tratarlo intelectualmente, creyendo que al describirlo tendremos control sobre él, cuando hoy se sabe que no es desde el intelecto sino desde la consciencia donde se vence todo temor.

El miedo es sin duda uno de los sentimientos esenciales a todo ser sensible. Todos lo hemos sentido, en más de una ocasión, hemos sufrido esa perturbación de nuestro ánimo que nos angustia, que derrumba la fortaleza de la razón y que, apoderándose de nuestra capacidad de acción, nos orilla a percibirnos como indefensos, impotentes, pequeños, insignificantes, totalmente incapaces, ante aquello que percibimos como un riesgo o un daño a nosotros mismos, nuestro entorno, a los que amamos o, a nuestros deseos. Sea el peligro real o imaginario, este nos obliga a retroceder cuando tenemos que avanzar, nos hace desistir cuando tenemos que insistir, nos lleva a negarnos a nosotros mismos cuando debemos y tenemos que afirmarnos en esencia y verdad.

En el reino animal, el miedo es un factor necesario y útil para la supervivencia. Ante el peligro o sus señales, el ser animal procurará huir como primera respuesta, y si no puede huir, luchará para continuar vivo. En ambas situaciones el miedo que experimenta activará una serie de respuestas físicas y bioquímicas en sus sistemas nervioso y motriz, que mejorarán su desempeño y capacidad en la acción que pueda o intente realizar; le hará priorizar sus percepciones, afinándolas y enfocándolas solo en las esenciales para sobrevivir; suprimirá los deseos o necesidades innecesarias en la emergencia que afronta, le dotara de recursos extraordinarios de reacción, reducirá sus sensaciones de dolor o cansancio en tanto supera el peligro y, una vez pasada la situación detonante de la respuesta instintiva, se degradara dando paso del estado de emergencia vital al estado normal de alerta. Este miedo se refiere siempre a la realidad tangible, seguir sano y vivo.

En el plano humano, si bien existen los temores básicos referidos a nuestro ser instintivo, como lo son los debidos a peligros reales, tangibles y presentes y que afectan directamente nuestra integridad física y de los nuestros; los temores se multiplican, amplifican y refinan: y ya no se refieren a situaciones reales, sino a situaciones potenciales, a aquellas cosas y circunstancias que hemos convertido en hábito y que creemos importantes y necesarias en la vida: la posición social, las apariencias… los sustitutos de vida real, el dinero, el poder, el prestigio, los ruidos mentales y todo aquello que utilizamos para no sentir ni ver la falta de trascendencia o significado de nuestra vida. Nuestra experiencia queda en función de otros y ello debido a un temor mayor: el temor a vivir.

El temor a vivir como nos lo dicta nuestro ser real, el yo íntimo, trascendente, esa esencia espiritual, que es el eje y centro de nuestro ser completo, nos lo inculca la sociedad, que nos censura por no ser uniformes y obedientes a un patrón artificial, a una existencia equivocada que no responde a nuestra naturaleza íntima y humana. Ese es el temor central de nuestro mundo actual.

Pero ¿cómo vencemos al temor? ¡No ignorándolo! Al ignorarlo, o negarlo, solo le damos más poder, pues lo envolvemos en un aura de misterio y oscuridad, que lo fortalece a expensas de nuestro propio poder personal. Lo vencemos siendo conscientes de nosotros mismos: aceptando que sentimos miedo…y solo entonces podremos enfrentarlo desafiándolo, avanzando aun sintiendo su presencia en nuestro fuero intimo. Recordemos que el Héroe es aquel que hace lo que cree correcto y quien aun temblando de miedo, actúa, vive en sus actos, no en pensar si actuará. A cada uno de nosotros, nos corresponde ser el Héroe de nuestra propia historia.

Mientras escribo este artículo, tengo miedo. Cual monstruo que se ocultaba en los sitios oscuros en mi infancia, me acecha en este momento, pues he convertido su nombre en un tabú, y le he dado poder a su presencia. Tengo miedo de no ser amado porque soy bajito, regordete, no pronuncio la “r”, no entro en el ideal físico de una sociedad enferma. Tengo miedo de mi futuro económico en esta ¨crisis¨, tengo miedo a una vida aburrida, vacía y carente de significado, tengo miedo a ser olvidado, o ser intrascendente, a no ser importante. Tengo miedo pues no logro ver mas allá del día de hoy, y el futuro es una incógnita, y no puedo controlarlo; tengo miedo a fracasar, como si fuera un pequeñuelo y me fueran a castigar “los mayores”, que hoy son el destino, dios, la suerte o el mundo. En este acto de confesión hago exorcismo de mis temores, al poder darles nombre y reducirlos a garabatos en el papel, los ridiculizo, los trivializo, los enfrento, les resto el poder que yo mismo les otorgue, en el principio cuando eran monstruos bajo mi cama, y que después fueron sustituidos por el miedo al rechazo, por miedo a vivir, a simplemente ser.

La vida en el temor, no es vida para nadie. En la vida hay multitud de peligros, eso es así, es parte de la vida, hay que aceptarlo y superarlo; pero al quitarle al miedo el control de nuestra vida en voluntad y consciencia, aceptando que a veces perderemos pero también a veces ganaremos, que en ocasiones caeremos pero que también nos levantaremos, accederemos al Héroe que vive en nosotros, al verdadero Ser que puede y seguramente será feliz. Solo entonces viviremos plenamente con tristezas y alegrías, con fracasos y triunfos, y podremos avanzar en la senda del futuro desconocido con una sonrisa en los labios, paz y confianza en el corazón, sabiendo que el cobarde muere mil veces, pero el valiente es inmortal.

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