El miedo desde la Neurobiología

Todos conocemos esas sensación de angustia y desconfianza que emana ante la presencia de un peligro. Se la conoce como miedo. Cuya etimología procede del latín metus, oscuro. Los seres humanos y los animales han experimentado en algún momento este sentimiento tan primario y arcaico. Si tuviéramos que buscar su origen, nos remontaríamos a 200 millones de años de evolución de la especie. Al momento exacto en el que los seres vivos se enfrentan a su medio, a los peligros, a lo desconocido y a la búsqueda de alimento para su supervivencia. El miedo es considerado la garantía biológica que nos ayuda a no ponernos en peligro o a protegernos.

La manifestación fisiológica del miedo se da en el cerebro.

En la década de los 50, el neurocientífico norteamericano Paul MacLean desarrolló la teoría del cerebro triuno. Su teoría afirma que el cerebro se desarrolló incorporando cada vez funciones más complejas pero que siguen siendo regidas por las arcaicas. Por lo tanto, el cerebro se divide en :

  • Cerebro arcaico (centro reptil): que comprende el tallo cerebral (bulbo raquídeo y protuberancia). Controla las tendencias básicas que garantizan nuestra supervivencia, como: deseo sexual, búsqueda de alimento, respuesta ante la agresión (huída, parálisis o ataque). Es la parte instintiva del ser humano.
  • Cerebro límbico (centro mamífero): este nombre fue acuñado en 1878 por el neurólogo francés Paul Broca. Hace referencia a todo un sistema de estructuras principales con respuestas emocionales, procesos de aprendizaje y memoria. Es el centro del miedo y del placer.
  • Neocortex (centro humano): corresponde a la estructura más nueva en su desarrollo y evolución. Recubre y engloba todas las partes del cerebro. Permite tener conciencia y controlar las emociones, a la vez que desarrolla las capacidades cognitivas: memoria, concentración, lenguaje, análisis, abstracción, resolución de problemas, planificación, etc.

Si tuviéramos que ubicar el miedo en un órgano de nuestro cerebro, éste sería la amígdala. La amígdala es una pequeña agrupación de neuronas con forma de almendra que se encuentran en la profundidad del lóbulo temporal.

Estudios recientes en la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Politécnica de Madrid han demostrado que la amígdala es capaz de extraer información de manera ultrarrápida ante posibles amenazas expuestas en nuestro campo visual.

En el momento en el que se dispara la señal de alarma, ésta se extiende de la amígdala al hipotálamo y luego a la sustancia gris periacuductal (troncoencéfalo) que se encargarán de liberar hormonas y neurotransmisores para preparar al cuerpo ante el peligro, aquí es el momento de reaccionar con rapidez, entonces las glándulas suprarrenales liberan el cortisol y la adrenalina, lo que hace que nuestro sistema simpático se ponga en marcha y se producen cambios fisiológicos como:

  • Se incrementa el metabolismo.
  • El corazón bombea sangre a gran velocidad.
  • Aumenta la presión arterial, la glucosa en sangre, la actividad cerebral y la coagulación sanguínea.
  • La sangre fluye a los músculos, especialmente a las extremidades.
  • Sudoración.
  • Aumento de la respiración.
  • Dilatación de pupilas.

Son algunas de las respuestas que pone en marcha nuestro cerebro para favorecer el enfrentamiento o la huida. Gracias a este intrincado sistema de protección, nuestra especie ha evolucionado hasta el día de hoy. Por lo tanto, el miedo real es un mecanismo evolutivo perfecto y biológico que subyace al comportamiento humano.

Realicemos un análisis desde las diferentes etapas de la Medicina Germánica.

  • 1ª etapa: Supervivencia. Los animales y el hombres buscan, como base fundamental y primaria, no morir de inanición. Por ello, la búsqueda de alimento, respirar y procrear, serán esenciales para su biología. Si uno de ellos se haya en peligro, el miedo hará acto de presencia.
  • 2ª etapa: Protección. Cuidar y proteger, conformarían el segundo escalón según prioridades fundamentales de los seres vivos. Ante la agresión, el miedo vendrá a activar nuestro mecanismo de defesa.
  • 3ª etapa: Rendimiento. La capacidad de superación y valorización sustentan el tercer puesto. La competencia y la comparación harán que en ocasiones el miedo nos muestre qué ámbitos o aspectos de nosotros están en peligro y pueden ser vulnerados y amenazados.
  • 4ª etapa: Relación. El miedo a la pérdida del ser querido, el miedo a no ser aceptado, reconocido, amado o querido. Sería algunas de las señales de peligro que desatarían en nosotros la alerta.

Como hemos podido observar, las necesidades más básicas son las principales causas de miedo. En la actualidad, se resumen principalmente en miedo a perder el trabajo, a no llegar a final de mes, al rechazo, al fracaso y al cambio.

Estos tipos de miedo se pueden transformar según la intensidad y la duración de la emoción. Un miedo no atendido se puede transformar en una fobia o en pánico. La fobia es el miedo que mostramos ante una situación que va más allá de la precaución razonable ante el peligro. Por ejemplo, agorafobia que es la aversión a los espacios públicos. El pánico es la aparición súbita e intensa asociada con el deseo de escapar. Por ejemplo, pánico a volar.

Cabe recordar que nuestra mente no entiende entre real, simbólico, imaginario y virtual. Es por ello, por lo que el miedo se puede clasificar en:

  • Miedo real: un agresor nos quiere atacar.
  • Miedo simbólico: miedo a las cucarachas.
  • Miedo imaginario: vemos una película de miedo y creemos que hay espíritus en casa.
  • Miedo virtual: una película de terror.

No existen los miedos injustificados puesto que nuestra psique nos advierte de una posible amenaza inconsciente. Por ejemplo, una persona puede tener miedo a la cucaracha y para nosotros ser absurdo. Pero si se explora más ese miedo, se observa que la persona lo que registra al verla, es la manera que tiene de huir y esconderse a tal velocidad. Eso le imprime desesperación. Esa imagen le evoca su aspecto temeroso y su desesperación por huir del mundo porque se siente indefenso.

Todo miedo debe ser atendido. Y como dijo Carl G. Jung: “Lo que niegas te somete y lo que aceptas te transforma”.

Así que atendamos ésta emoción primaria que nos ha acompañado desde tiempos remotos y dejemos que se exprese a través de nuestro cuerpo. Busca el origen de su expresión y no permitas que te someta.

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