COMO LA EXIGENCIA NOS EXIGE DEMASIADO

¡Yo soy muy exigente conmigo mismo y con los demás”

Quien se expresa así suele hacerlo con un tono de orgullo. La creencia sobre la que se apoya esta afirmación: “si realmente quieres lograr ser algo en la vida, tiene que trabajar o estudiar (ser exigente)”.

  • ¿Es la exigencia un rasgo que merece ser alentado?
  • o por el contrario, ¿se trata de una actitud inadecuada que tortura a quien la padece?

Hay quienes convierten la conquista en una meta obsesiva. Son personas demasiado exigentes, cuya intransigencia con ellos mismos, hace que lo sean en los demás.

Ser de esta manera, no es una virtud sino un defecto porque se convierten en seres muy intransigentes con los demás. Y no se le puede pedir a nadie más de lo que es capaz de dar, ni esperar que los demás sean como nosotros mismos.

Una persona exigente busca constantemente la perfección y no conseguirla le crea insatisfacción. Además suele mostrarse susceptible y sensible a las críticas, ya sean constructivas o destructivas.

Este comportamiento suele estar asociado a un problema de autoestima, a no aceptarse uno como es.

El primer paso para el cambio es conocer las propias limitaciones y la de los demás.

Hay padres que frustran la felicidad de sus hijos exigiéndoles continuamente que sean perfectos. Esto genera en los niños un sentimiento potencial de culpabilidad e inseguridad ya que sus progenitores les hacen sentir que nunca cumplen con las expectativas y se sienten, además, incapaces de hacerlo.

La exigencia desmesura puede afectar también a la relación de pareja, por lo que habrá que saber medir los niveles de intransigencia.

La exigencia NOS PUEDE ayudar a alcanzar metas y objetivos, algo que mejora nuestra autoestima, pero tenemos que ser conscientes de la limitaciones nuestras y de los demás. La vida no es perfecta y las personas tampoco lo son.

Completa las siguientes frases:

  • Yo me exijo ser/Me exigen ser…
  • En cambio me siento…

Cuando se responde a la segunda pregunta, suelen surgir rasgos opuesto.

Para empezar a trabajar hay que saber identificar los protagonistas de la historia en nuestro interior:

  • Exigidor: sería la primera pregunta. Mente: cabeza
  • Exigido: sería la emoción. Sentimiento: corazón
  • Meta: es la exigencia, la demanda.

El exigidor no suele darse cuenta del modo en que trata al exigido. No lo advierte porque su percepción está ofuscada por la meta. “Hay que llegar allá como sea”.

Pj. es como un jinete que quiere llegar a la colina sin tener en cuenta el caballo. La frase que mejor lo resume es: “querer es poder”. Insta a las personas a que reconozcan que si no consiguen algo no es porque no pueden sino por no quieren.

Diferencias entre querer y poder:

  • Querer: significa orientar la fuerza, la intención, la energía.
  • Poder: está implícito los recursos adecuados para llevarlo a cabo.

Pone en evidencia a la persona porque no sabemos si cuenta con los recursos necesarios. Con lo cual genera miedos e incertidumbre.

Pj. quiero la manzana que hay sobre la mesa. Extiendo el brazo y la cojo. Pero basta con que exista una disfunción neurológica para no poder.

La cuestión es si hay recursos suficientes para obtener el resultado deseado.

En el papel de exigente:

  1. Hay una meta que quiere alcanzar
  2. Percibe al otro como alguien cuya función es estar siempre en condición de cumplir las órdenes que él da.
  3. Para alcanzar la meta, basta con demandarlo imperiosamente.

El otro extremo (persona) acumula malestar, enojo y resentimiento.

Es momento de hacerle frente al exigidor (mente). Hay que poner límites. ¡Basta ya!.

Y ahora la pregunta es: ¿qué te haría bien recibir?. Para empezar, que no me sacudas, que me tengas en cuenta, que me mires y me consultes.

Ambos son tripulantes del mismo bote. Compañeros de equipo de tareas. “Yo podré sentirme bien, sólo si tú lo estás”. El Dalai Lama lo llamó: el egoísmo altruista.

Se trata de entablar una conversación con nosotros mismos.

  • Me gustaría que me consultaras si quiero lo que tú quieres, y si por alguna razón no quiero… presta atención a lo que me pasa y trata de entenderme. Ahora estoy agotado y necesito descansar. No puedo ir a tope como me pides.

EXIGENCIA/EXCELENCIA

La excelencia no es hija de la exigencia. La genuina excelencia es una estado de excelencia interior. La excelencia interior significa relaciones internas armónicas, respetuosas y fértiles.

En los últimos años se está manifestando más el estado de agotamiento psicológico (burn out) y el síndrome de la fatiga crónica.

Cuando generamos un actitud interna de cooperación, el vínculo que se gesta produce bienestar. Motor de la excelencia.

RESUMEN

  1. Preguntas inciales
  2. Cómo se hablan
  3. Vivenciarlo (antiguo rol)
  4. Si las dos figuras no coinciden hay que dialogar.
  5. Llegar a un entendimiento
  6. Vivenciarlo (nuevo rol)
  7. Convierte al exigente y al exigido en asistente.

EQUILIBRIO

Leave a comment

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked (required)